viernes, 13 de marzo de 2015

LA PAZ ¿OTRA CONFRONTACIÓN?

BarataPor: Jorge Gómez Barata

Por más de cincuenta años, en Colombia ha tenido lugar una intensa confrontación, ahora son dos. La guerra es una y otra la paz. La izquierda apuesta por la paz y la derecha le teme. Aunque menos cruento, el resultado de la pugna es el mismo: la fractura social.

El primero y más costoso de los contenciosos se libra en los campos y las selvas, ocasiona muertes y sufrimientos, y socava los esfuerzos por el progreso de las comunidades rurales. El otro es reciente y tiene como escenario los espacios políticos, los medios de difusión, las luchas electorales y la sociedad en su conjunto. De alguna manera se trata de Colombia contra Colombia.

Desde que hace años se hizo evidente que, mediante la lucha armada, ninguno de los contendientes podía vencer al otro. La guerra dejó de ser una opción rentable, la violencia perdió perspectivas, y la solución militar se convirtió en un inútil sacrificio de vidas y recursos. Las partes lo saben.

En tales circunstancias, las expectativas de las grandes fuerzas políticas radican en la paz y no en la guerra. De ahí la afirmación del experto en Comunicación Social y politólogo Jorge Garrido quien afirma que: “…Diversa y polémica consigo misma, la izquierda apoya la paz, mientras la derecha está en contra. Ambos evalúan lo que viene detrás…”

Al margen de las convicciones humanistas que pueden haber progresado en ciertos sectores de sus jerarquías, la guerrilla aspira a lograr por vía pacífica lo que no ha podido conseguir por las armas. No se trata sólo del poder, sino de la promoción de transformaciones sociales más o menos radicales. De ahí ciertas posiciones maximalistas expuestas en los diálogos de La Habana.

Otras fuerzas colocadas muy a la derecha en el espectro político local, y a las cuales les sirve igual una victoria militar o una eternización del conflicto armado, se oponen a las negociaciones, sabotean los esfuerzos del gobierno y manipulan a fuerzas que, aunque retrogradas, tienen peso en el panorama electoral.

El centro del arcoíris político nacional se ha convertido en un punto de encuentro donde convergen fuerzas de uno y otro lado que, al margen de sus contradicciones y posiciones ideológicas, sin perder de vista los objetivos estratégicos y los intereses económicos de sus bases sociales, asumen posiciones realistas y se declaran dispuestas a ceder prerrogativas circunstánciales en aras de los objetivos mayores que la paz puede aportar.

De ese centro forman parte tanto la élite gobernante, encabezada por el presidente Santos, como elementos de la izquierda tradicional, incluso de las FARC-EP que comprenden que ha llegado el momento de pasar la página de la guerra y la violencia, y asumir la lucha política de modo moderno.

Obviamente la paz no sólo es la apuesta más ventajosa, sino la única con el tiempo a su favor. Dejar pasar la oportunidad es arriesgarse a que los colombianos terminen por decir: ¡Váyanse todos! Allá nos vemos.