lunes, 9 de marzo de 2015

EQUIVOCOS Y ACIERTOS

BarataPor: Jorge Gómez Barata

Hace años aprendí que la cultura universal es un fenómeno social en el cual predomina la suma y la inclusión. El credo incluye a la cultura política, terreno en el cual el socialismo real pretendió provocar una ruptura, y realizar aportes que resultaron fallidos.

La génesis de ese fenómeno puede proceder de la exageración del enfoque clasista de los fenómenos sociales, que atribuyó ese carácter a todo lo creado bajo el dominio de determinadas clases sociales. Ese equivoco, carente de efectos en los ámbitos científicos y tecnológicos, fue decisivo en las esferas institucionales.

Debido a criterios erróneos, el derecho y la concepción del Estado, creados bajo el dominio de la burguesía, fueron etiquetados como elementos de la cultura “burguesa”, y considerados opuestos, hostiles y contrarios a los intereses del proletariado. Así nació el rechazo a la democracia, a los ejercicios electorales, a la separación de poderes, incluso al estado de derecho.

La descalificación de aquellas doctrinas conllevó a la formulación de sucedáneos que no resultaron mejores. Así ocurrió, por ejemplo, con el concepto de la “dictadura del proletariado”, una consigna inviable en la Europa del siglo XX, y que fue abandonada por Stalin en la década del treinta. La misma suerte corrió la idea de concentrar todo el poder en la cúpula del partido bolchevique, atribuyéndole capacidad para representar a toda la sociedad.

A los errores teóricos que en los ambientes revolucionarios son subsanables, y de alguno de los cuales el propio Lenin se había percatado, se agravaron con la entronización del estalinismo y el dogmatismo, que impidió toda rectificación.

Así, con defectos de génesis que le impidieron auto renovarse, creció el socialismo, en cuyo desarrollo se cumplió la máxima de que cuando un organismo anómalo crece, con él crece la anomalía. La sociedad soviética y el socialismo real prosperaron y se fortalecieron de modo impresionante, hasta que su deficiente institucionalidad y sus déficits de democracia, derechos, transparencia y participación decisoria, entre otros factores, le pasaron la cuenta.

En algunos lugares como China, Vietnam y Cuba, y en ciertos aspectos, la rectificación, administrada centralmente y aplicada con cuidadosa gradualidad, llegó a tiempo para salvar el proyecto socialista, que será viable en la medida en que logre integrar a los más elevados ideales de justicia social, incluyendo altas dosis de igualdad, la eficiencia para crear riquezas, y la satisfacción que emana de la existencia de ambientes de genuina democracia.

La tarea es enorme, inaplazable e indelegable. Corresponde a las vanguardias políticas, especialmente a los partidos gobernantes, encabezarlas y realizarlas, aunque ello conlleve a ceder prerrogativas conquistadas en duras luchas en beneficio de una institucionalidad cuya eficacia ha sido probada. Allá nos vemos.