miércoles, 18 de marzo de 2015

El rey Midas y el Tío Sam

imagesPor: Rolando López del Amo

Cuenta la leyenda que al codicioso rey Midas le fue concedida su petición de convertir en oro todo lo que tocaba. Y cómo después se arrepintió de semejante disparate cuyo único resultado fue el de quedarse aislado.

El Tío Sam es una suerte de rey Midas contemporáneo cuyo afán de riquezas lo lleva a convertir en desgracia todo lo que toca. El imperialismo, fase superior del capitalismo, como lo llamó Lenin, posee una naturaleza nefasta, expoliadora y agresiva.

Citaré algunos ejemplos recientes para ilustrar , a escala planetaria, lo que Simón Bolívar predijo acerca de que los Estados Unidos de Norteamérica parecían estar predestinados a plagar de miserias nuestro continente en nombre de la libertad.

1- Lanzamiento de dos bombas atómicas sobre ciudades indefensas de Japón

2- Guerra de tierra arrasada de todo el territorio de Corea del Norte, desde el paralelo 38 hasta la frontera con China.

3- Guerra contra Vietnam en la que se arrojó sobre el país una cantidad de explosivo igual a toda la utilizada durante la Segunda Guerra Mundial, además de guerra química y bombas de NAPALM.

4- Desintegración de Yugoslavia

5- Invasión de Afganistán

6- Invasión de Irak

7- Agresión contra Libia y derrocamiento de su gobierno

8- Subversión y agresión contra Siria

9- Permanente apoyo al régimen sionista de Israel en su negativa a reconocer los derechos inalienables del pueblo palestino y el impune terrorismo de Estado contra ese pueblo

10- Bombardeos contra los territorios de Paquistán, Yemen y Somalia

11- Invasiones contra Guatemala, República Dominicana, Panamá, Granada, Cuba y promoción y apoyo a las peores dictaduras militares contra nuestros pueblos y, en nuestro caso, aplicación del más largo bloqueo económico, comercial y financiero del que se tenga noticia.

En su tiempo el Che nos advirtió que era esa naturaleza rapaz del imperialismo la que bestializaba a los que actuaban en su nombre.

Pero hemos llegado al siglo XXI y en nuestro continente hay un cambio de época. Ya no estamos en los tiempos de la política de las cañoneras. Una nueva generación de líderes populares, cumpliendo con la voluntad de sus pueblos, une fuerzas para que nuestra América sea tierra de paz, desarrollo económico y social, justicia y equidad como fundamentos de una libertad verdadera inspirada en la solidaridad y la fraternidad.

Nuestros pueblos rechazan que se les plague de miseria en nombre de la libertad.

Es la hora del recuento y la marcha unida, como pedía José Martí y nuestra marcha de gigantes, como reza la histórica Declaración de La Habana, nuestra marcha ya no se detendrá.