viernes, 6 de marzo de 2015

CAMINOS Y DESTINOS

BarataPor: Jorge Gómez Barata

La idoneidad de un sistema social no depende del modo como se crean las riquezas, sino de la justicia con que se distribuyen y de las expectativas de progreso real que es capaz de generar. Ello se asocia con el sistema político y la institucionalidad.

Un orden social es mejor en la medida en que conjuga prosperidad, democracia política, cohesión social y libertades ciudadanas. El desempeño de las vanguardias políticas y de los liderazgos es más eficaz en la medida en que logran tales resultados en los plazos más breves y con menos costos sociales.

De esas dinámicas emanó la oposición entre el capitalismo y el socialismo, que apareció a mediados del siglo XIX, ocupó todo el XX y está vigente en el XXI.

Tal como ocurrió con el capitalismo, el socialismo como entidad nacional y estatal, modelo político y estilo de vida, no es exactamente un sistema social que se construye sino un peldaño civilizatorio que se alcanza. En ello intervienen el crecimiento de las fuerzas productivas, el fomento de instituciones estatales dedicadas a asegurar el bien común y el desarrollo humano.

En los siglos XIX y XX, inspiradas por el pensamiento de Carlos Marx, las vanguardias políticas se propusieron acelerar el proceso histórico. Así lo hicieron los bolcheviques en Rusia, los socialdemócratas en Europa, los comunistas en China, los líderes de las democracias populares en Europa Oriental, los revolucionarios en Cuba y los actuales conductores de la nueva izquierda latinoamericana.

Esas fuerzas, unas “al pie de la letra” y otras de manera menos explícitas, se inspiraron en el pensamiento de Carlos Marx, convirtiéndose en entidades de izquierda, que eligieron sus opciones. Algunos se equivocaron, rectificaron a tiempo y como China, Vietnam y Cuba pueden salvar un proyecto abortado en la ex Unión Soviética y Europa Oriental.

Usufructuaria de esas experiencias, la nueva izquierda latinoamericana ha escogido caminos que no requieren una afiliación doctrinaria ni de dogmas políticos, no necesita de ideologías oficiales ni de estructuras políticas rígidas y aprovecha la institucionalidad liberal existente y las ventajas del capitalismo como motor de las fuerzas productivas.

De ese modo en América Latina se ha llegado a una preciosa y exacta formulación derivada del pensamiento humanista más avanzado y de la práctica social de vanguardia. “Desarrollo con equidad e inclusión social”.

Cuba como China y Vietnam, que aunque iniciaron su camino al socialismo siguiendo la errónea pauta implantada por la dirección soviética, lograron avanzar enormes trechos, emprendieron a tiempo la rectificación y mediante la introducción de reformas económicas y políticas, corrigen el rumbo.

No se trata de renunciar al socialismo, sino de renovarlo y perfeccionarlo para colocarlo a la altura de las demandas del hombre y los pueblos del siglo XXI a los que un poco más no basta. Allá nos vemos.