lunes, 30 de marzo de 2015

BLOQUEO Y CULTURA

clip_image001Jorge Gómez Barata

Como parte de la actualización del modelo económico, el presidente Raúl Castro insiste en la necesidad de “cambiar la mentalidad”. El llamado  alude a quienes diseñan y conducen las políticas. El modo de pensar de ese estamento determina el contenido, la dirección y los ritmos del proceso. Ellos marcan el paso y hacen la diferencia.

Lo que quizás el presidente anticipó es que la mutación en los modos de pensar, además de las innovaciones en curso, involucraba a los ajustes derivados de la normalización de las relaciones con Estados Unidos y del inicio del desmantelamiento del bloqueo.

No albergo dudas de que las reformas más el desmontaje del bloqueo norteamericano en las esferas económicas y financieras, en la actividad productiva, los servicios, el turismo, los intercambios “pueblo a pueblo” y en otras áreas, será asimilado sin traumas y provocará avances en la sociedad cubana. No tengo la misma certeza en ciertos ámbitos de la cultura, especialmente de la cultura política.

Durante más de medio siglo, como parte de las esencias del proceso revolucionario, de modo conscientemente y con objetivos preconcebidos, se ha realizado en Cuba una masiva, sistemática, coherente y relativamente eficaz labor ideológica que, en considerable medida, cambió el modo de pensar de los cubanos sobre casi todos los asuntos.

Ese proceso que modificó la conciencia social, principalmente en lo referido a la conciencia política, económica, filosófica y jurídica. Impactó la espiritualidad, modificó las nociones sobre la moral, la ética y la estética, instaló ideas, conceptos y percepciones nuevas y avanzadas, aunque también criterios erróneos y prejuicios. Algunos de estos elementos son fortalezas y ventajas y otros obstáculos.

En la labor ideológica en Cuba que formó parte de la confrontación política interna y externa, continua en forma de “batalla de ideas” participan las instituciones y los líderes, principalmente el estado, el partido, el movimiento sindical, las organizaciones sociales y culturales y las figuras del arte y la cultura artística y literaria.

Ese esfuerzo transformó la cultura política cubana, desterró el anticomunismo y se empeñó en la promoción del socialismo, la asimilación de la experiencia soviética, incluida su concepción del marxismo-leninismo, la crítica al capitalismo como sistema económico y social, el rechazo al modelo político liberal, el estímulo a la solidaridad internacional y la revalorización de la historia de Cuba, especialmente del periodo republicano.

Un elemento y estable de esa labor ha sido la confrontación con Estados Unidos, principalmente el rechazo a la agresividad del imperialismo, con énfasis en sus amenazas militares y en la denuncia, condena y ruptura del bloqueo norteamericano, elementos que a mediano plazo pueden perder  vigencia en la agenda política.

A los inevitables ajustes en la labor ideológica derivados de la desaparición de la Unión Soviética, el fin del socialismo real y la evidencia de los errores teóricos y prácticos en que se sustentaron, se sumará la calibración de contenidos que necesariamente se derivarán de los cambios en la política norteamericana hacia Cuba que está siendo modificada para confrontar de otro modo a la Revolución y promover el cambio de régimen político en la isla.

Ese complejo proceso que habrá de ser asumido con dinamismo y creatividad, no implicará un empobrecimiento de la cultura de la vanguardia y las masas cubanas sino que pudiera conducir a su enriquecimiento. Todo depende de la eficiencia y la oportunidad con que se realice. La tarea es compleja, urge y los recursos humanos existen. Allá nos vemos.