martes, 17 de febrero de 2015

RESPUESTAS COHERENTES

Barata[3]Por: Jorge Gómez Barata

Tras décadas de férreo y criminal bloqueo, como especulación o hipótesis, no como posibilidad inmediata, en círculos políticos, intelectuales, académicos y entre los militantes cubanos, surgía la interrogante: ¿Estaremos preparados para cuando el fin del bloqueo norteamericano cambie nuestras realidades y abra nuevas expectativas?

La pregunta aludía al pueblo, la sociedad y a amplios sectores como la juventud o los militantes. No había alarma porque se presumía que la espera sería larga y los cambios paulatinos, lo cual daría tiempo a prepararse, asumiendo que, cuando llegara el momento, la sociedad y las instituciones se habrían consolidado. No ha ocurrido así. El desmantelamiento del bloqueo ha comenzado y la pregunta que antes era retórica, ahora necesita respuesta.

El pasado 17 de diciembre los presidentes Raúl Castro y Barack Obama informaron que Cuba y Estados Unidos habían acordado restablecer las relaciones diplomáticas. La duda original se transformó en dos. ¿Está preparada la sociedad para asimilar el cambio a corto plazo? ¿Esta lista la vanguardia política para conducirlo?

En ambos casos la respuesta es no. Obviamente nadie se prepara para lo que no espera y la sorpresa vale para todos. Ante hechos que parecen consumados habrá que diseñar nuevas estrategias y tácticas.

La economía, el comercio y las finanzas, la vida cultural y las esferas de los espectáculos y los deportes sin el bloqueo no serán lo mismo que con aquel dogal y para lidiar con el capital norteamericano, sus empresas, bancos y entidades se necesitan conocimientos, habilidades y entrenamientos gerenciales específicos. No obstante, los ámbitos más complejos serán los de carácter político e ideológico.

Tras 50 años de ejecutoria, la Revolución cuenta con experiencias y preparación básica, así como con un activo formado por intelectuales y académicos comprometidos y calificados, organizaciones sociales numerosas y cohesionadas y un Partido prestigioso, bien constituido y presente en todas las instancias. Las fuerzas existen, pero necesitan nuevas herramientas.

De lo que se trata es de cambios de mentalidad y de enfoques, de innovar y renovar el arsenal conceptual, abandonar los viejos métodos plagados por la rutina y el formalismo, los enfoques unilaterales o maniqueos y la autocomplacencia. Los peligros no proceden únicamente del exterior, sino que se asocian a la capacidad de reacción.

El proceso revolucionario cubano ha entrado en una nueva etapa que no puede ser asumida con las consignas triunfalistas y frases simplistas, ni con alusiones a batallas y victorias pasadas. Los nuevos consensos no se formaran mediante eventos ceremoniales y vacíos de contenido como los que habitualmente generan los aparatos.

Si algo parece apropiado es abrir el juego, desempolvar la labor ideológica, hilvanar un discurso contemporáneo con las nuevas realidades, para lo cual tal vez sea pertinente una amplia convocatoria que sume a la intelectualidad, las universidades e instituciones de investigación social, periodistas y medios de difusión, instancias y elementos de la sociedad que bajo la dirección del Partido pudieran enriquecer el arsenal y nutrir las fuerzas para la batalla de ideas.

La inacción y la creencia de que con lo que tenemos basta pueden ser peligrosas. En cualquier caso la innovación siempre será un riesgo preferible al inmovilismo. Allá nos vemos.