viernes, 27 de febrero de 2015

LOS OBJETIVOS Y LAS FORMAS

BarataPor: Jorge Gómez Barata

En mi opinión, en concordancia con el desarrollo económico, social ideológico y cultural de la sociedad cubana y sus problemas y tensiones, las tareas fundamentales de las reformas, son el progreso económico y el perfeccionamiento del sistema político. Tales objetivos, lejos de ser perjudicados, pueden resultar favorecidos por la normalización de las relaciones y el paulatino desmantelamiento del bloqueo de Estados Unidos.

Si bien es cierto que el bloqueo ha sido el principal obstáculo para el desarrollo económico nacional, también influyeron las deficiencias del modelo económico, los esquemas de gestión y el atraso de la tecnología importada de la Unión Soviética, que permitieron sobrevivir, pero no desarrollar el país al nivel que pudo haberse alcanzado.

En cualquier caso, en la presente coyuntura, se avanza hacía la remoción de grandes obstáculos para el desarrollo nacional: la actualización o cambio del modelo económico, el fin de la obsolescencia tecnológica y la entronización de métodos avanzados de gerencia.

Queda por resolver el problema de la financiación de ese proceso, en lo cual se apuesta por la promoción de las inversiones extranjeras directas. Tal vez, el paulatino desmantelamiento del bloqueo, permita acceder al mercado de capitales y a fuentes internacionales de financiamiento, ahora vetadas por Estados Unidos.

Es obvio que esta línea de razonamiento, no concuerda con la percepción de quienes creen que el modelo económico vigente (más estatal que socialista), solo necesita retoques que lo actualicen y perciben la apertura que significará el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos como una carrera de obstáculos.

Incluso las personas que estiman que lo único que ha ocurrido es un cambio de táctica y de métodos de Estados Unidos para derrotar a la Revolución, visión francamente reduccionista, estarían forzados a asumir que ante un hecho de semejante magnitud, se imponen nuevos enfoques.

Resulta evidente que asumidos en conjunto, la actualización del modelo económico cuya pertinencia ha sido proclamada, el ineludible y probablemente inaplazable perfeccionamiento del sistema político y la apertura internacional a partir del establecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, forman una coyuntura nueva y decisiva que requiere la adopción de tácticas, estrategias y procedimientos no sólo diferentes sino creadoras.

Estoy convencido que esta nueva etapa demanda de una mentalidad innovadora comparable con aquella que en los años sesenta logró neutralizar el anticomunismo y la mentalidad plattista y persuadir a la sociedad cubana de que el socialismo era la mejor opción. La diferencia es que ahora no se cuenta con la orientación inmediata y puntual de Fidel, con paradigmas que imitar ni con modelos que ofrecer.

Obviamente no se trata de realizar ejercicios de arqueología política para desenterrar reliquias, sino de crear para lo cual, como oportunamente destacó el presidente Raúl Castro, se necesita movilizar y empoderar el activo político, intelectual, académico y cultural formado por la Revolución, que deberá idear las herramientas y los modos de hacer para las nuevas labores.

No hay opción. El estancamiento y no la apertura es el peligro. Allá nos vemos.