domingo, 8 de febrero de 2015

LOS HECHOS Y LOS PROCESOS

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

Parafraseando al poeta: “Concordar no es mirarse unos a otros, sino hacerlo en la misma dirección”. La normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos es un proceso y no un hecho, un camino y no un destino; el resultado de una difícil negociación política y no un acto administrativo.

Para que el cometido tenga éxito, dos países que hasta la víspera eran adversarios deberán marchar en la misma dirección, procurando construir consensos sobre temas que los enfrentaban.

La normalización a la que durante años se ha aspirado y por la que se trabaja hoy, no procura llegar a un estado idílico ni a la solución de todos los problemas a la vez, sino lograr un modus vivendis en el cual, a pesar de diferencias, contradicciones, incluso confrontaciones, se pueda practicar la coexistencia pacífica. No se trata de cerrar los abismos sino de tender puentes sobre ellos. 

Los procesos políticos pudieran ser definidos como la suma de hechos conectados unos con otros que discurren en el tiempo. Algunos tienen comienzo definido pero no un final, mientras en otros no es posible precisar los extremos. El progreso y el desarrollo, por ejemplo, son procesos asintóticos.

Con razón la normalización de la relaciones entre Cuba y los Estados Unidos está siendo tratada como un proceso que estará formado por hechos y circunstancias diversas. Algunas serán favorables y otras desafortunadas, y habrá períodos de aceleración y de ralentización, pueden existir provocaciones y malos entendidos, y es preciso evitar los prejuicios y las reacciones emotivas. Lo importante es el conjunto.   

Aunque cuenta con amplios antecedentes, principalmente la disposición de las autoridades cubanas, el empeño actual comenzó con la negociación sostenida durante 18 meses por representantes de ambos países, avanzó con la liberación de los antiterroristas cubanos presos en Estados Unidos, y el retorno de Alan Gross, y dio un paso de excepcional importancia con la conversación entre los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, que adelantó con el encuentro de Josefina Vidal y Roberta Jacobson en La Habana.

En ciertos procesos algunos hechos tienen una precedencia que no puede ser alterada. Este es uno de esos  casos. No hay manera de avanzar en la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sin antes restablecer los vínculos diplomáticos, y no estará completo hasta tanto el bloqueo no sea levantado en su totalidad.

En cuanto al bloqueo, los planteamientos no pueden estar más claros. Usando sus prerrogativas ejecutivas el presidente ha decidido levantar algunos componentes, lo cual tendrá un efecto prácticamente inmediato.

El hecho de autorizar a los funcionarios norteamericanos a negociar con Cuba, abrir canales de comunicación con congresistas, senadores, empresarios y académicos, suprimir la práctica que obligaba a Cuba a pagar por adelantado sus compras en Estados Unidos, y permitir que los norteamericanos utilicen en la isla tarjetas de crédito y débito emitidas por agencias norteamericanas y que implican transacciones bancarias, son pasos en el desmontaje del bloqueo. 

Por otra parte, al levantar las objeciones para que Cuba participe en la Cumbre de las Américas y ordenar los estudios para borrar a la Isla de la lista de países patrocinadores del terrorismo, son acciones políticas que favorecerán la normalización y debilitarán el bloqueo.

Nadie ignora que los elementos sustanciales del bloqueo deberán ser desmontados mediante decisiones que competen al Congreso, al cual el presidente ha exhortado para realizar este año acciones al respecto. Debido a que en el legislativo no existe un consenso favorable, el trabajo tomará tiempo.

En cualquier caso, el 17D ha instalado un escenario inverso al que ha prevalecido en el último medio siglo, en el cual Estados Unidos ha tomado medidas agresivas contra Cuba que la isla ha respondido con las opciones a su alcance.

Ahora no se trata de crear obstáculos sino de removerlos, si es necesario uno a la vez. Quienes encaran las dificultades son los hombres y mujeres necesarios al proceso, aquellos que las solucionan, los  imprescindibles. Allá nos vemos.