domingo, 15 de febrero de 2015

LA OTAN Y EL ISLAM EN LA HABANA

Barata[3]Por: Jorge Gómez Barata

La OTAN y el Islam moderado desembarcaron juntos en La Habana en la persona de Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, un estado a la vez islámico, laico y liberal, miembro de la OTAN, yunta de Estados Unidos, y que hasta hace menos de 100 años fue núcleo del poderoso Imperio Otomano, que en sus mejores momentos abarcó territorios de tres continentes: Europa, Medio Oriente, Ucrania, Crimea y Rusia.

Para la diplomacia cubana la visita de Erdogan debe haber resultado un ejercicio que contribuye a prepararla para el mundo que viene, cuando una vez restablecida las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, se desate el efecto dominó que convertirá a La Habana en una pasarela por la cual desfilarán estadistas, intelectuales, empresarios, comerciantes, deportistas, turistas y toda clase de figuras y figurillas. Muchos de los que antes se sumaron al embargo lo harán a la normalización. Mimetismo le llaman algunos.

La visita de Erdogan lo mismo que el discreto acercamiento de Arabia Saudita y el cortejo de Corea del Sur, que anuncia el relanzamiento de sus vínculos con Cuba, son botones de muestra del pragmatismo de la política exterior del presidente Raúl Castro que, sin desmentir sus simpatías y vínculos con diferentes corrientes y fuerzas alternativas de todo el mundo, distingue los factores ideológicos de los intereses estatales.

La Turquía moderna que no es árabe, persa, ni kurda, tampoco completamente asiática ni totalmente europea, vive a horcajadas entre Asía y Europa, es una singularidad cultural y una rareza geopolítica, fruto de una larga historia y del talento, y la capacidad de convocatoria y de maniobra de su fundador, Mustafá Kemal Atatürk.

Atatürk, uno de los primeros líderes tercermundistas del siglo XX, condujo una guerra de liberación contra la ocupación extranjera que siguió a la derrota otomana en la Primera Guerra Mundial, y en los años veinte, marcó la pauta al aprovechar la naciente contradicción Este-Oeste para anular el Tratado de Sèvres (1920), y forzar la adopción del de Lausana en 1923.

En Sèvres, Francia, las potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial obligaron al último sultán otomano, Mehmet VI, a aceptar un acuerdo que no sólo desintegró el Imperio Otomano, sino que, a instancias norteamericanas, reconoció la existencia del Kurdistán y del pueblo kurdo, lo que suponía importantes recortes territoriales.

Posteriormente el tratado fue rechazado por Atatürk, que especuló con la posibilidad de un acercamiento a la Rusia bolchevique, lo cual hizo recapacitar a occidente, que en 1923, en Lausana, dio marcha atrás y permitió a Turquía recuperar los territorios que dieron lugar a su actual configuración. Las consecuencias de esa movida están presentes en algunas de las crisis del Medio Oriente.

Por su posición geográfica, su pertenencia a la OTAN y sus privilegiadas relaciones con Estados Unidos, el país ha sido y es un protagonista de sucesos recientes, y una pieza clave de todos los contenciosos de la región, incluyendo la confrontación de occidente con Rusia que también corteja a Erdogan.

A pesar de que las relaciones diplomáticas datan de 1952, la presencia turca en el contexto cubano, ha sido discreta, lo cual es común para América Latina y El Caribe, donde Turquía cuenta apenas con una docena de embajadas. El intercambio comercial con Cuba es de alrededor de 30 millones anuales, y con toda Iberoamérica de unos ocho mil millones.

Aunque el hermetismo de La Habana respecto a los contactos estatales de alto nivel no permitirá trascender los escuetos reportes de la prensa local, llama la atención que un jefe de estado, de un país oficialmente laico, negocie con otro que también lo es, la apertura de sedes religiosas, en este caso de dos mezquitas musulmanas. En la presente coyuntura, promover la expansión del Islam en un entorno donde apenas existe, es como mínimo, curioso.

En cualquier caso es un momento feliz en la política exterior cubana que suprime obstáculos de todo tipo, y cuando no puede rellenar abismos, tiende puente sobre ellos. La paulatina eliminación del bloqueo y la liberación de la plaza sitiada, permiten a Cuba salir a espacios más vastos. Allí esperan trampas pero también oportunidades. Evadir unas y aprovechar otras es el camino. No hay otro.

El cerco norteamericano se levanta y el dogal se afloja. Bienvenidos todos. Allá nos vemos.