viernes, 6 de febrero de 2015

EL PRESIDENTE Y EL COMANDANTE

Barata[3]Por: Jorge Gómez Barata

Se atribuye a Abraham Lincoln la expresión: “Lo que no puede el presidente, lo puede el Comandante.”

Al asignar al presidente la condición de Comandante en Jefe de las fuerzas armadas, los constituyentes norteamericanos no pretendían conferirle más atribuciones de las que ya tenía, sino restárselas a los militares y subrayar la separación de poderes. Así quienes poseían las armas y practicaban la obediencia debida, no serían los mismos que detentaban la dirección política. A la vez, el mandato del presidente se recortó al establecer que solo el Congreso puede declarar la guerra.

Por muchas salvaguardas que se conciban, cuando se otorgan a individuos poderes desmesurados, es casi imposible impedir que circunstancialmente alguno abuse de ellos. Con frecuencia mandatarios del Tercer Mundo que también son constitucionalmente comandantes en jefe, han ordenado la utilización del poder militar para restablecer el orden público, reprimir, dirimir querellas políticas y sobre todo propinar golpes de estado.

En América Latina donde producto de deformaciones estructurales, las instituciones civiles han sido proverbialmente débiles y las prácticas que consustanciales al Estado de Derecho han sido sistemáticamente vulneradas por la oligarquía, las fuerzas armadas operaron como el más poderoso de los partidos políticos, o como un “gran elector” auto habilitado para decidir qué gobierno era mejor para la sociedad. Entre cientos de anécdotas la del Chile de Pinochet es antológica.

El primer presidente norteamericano que utilizó tropas federales para resolver problemas internos, no militares, fue George Washington quien en 1794, durante la Rebelión del Whisky, una sublevación en una comarca de Pensilvania, originada por impuestos a la bebida, marchó al frente de una tropa para sofocarla.

En los años cincuenta, el presidente Dwight Eisenhower utilizó tropas federales para reducir a la obediencia al gobernador de Arkansas, Orval Faubus, quien se negó a cumplir las disposiciones contra la segregación racial y, durante la oposición a la guerra en Vietnam también se emplearon tropas para controlar las manifestaciones. El hecho más connotado ocurrió en la universidad estatal de Kent (Ohio) cuando la Guardia Nacional disparó contra una manifestación de estudiantes con un saldo de cuatro jóvenes muertos.

No obstante, hasta hoy el presidente que de modo más decisivo a utilizado sus atribuciones militares en la solución de conflictos sociales fue Abraham Lincoln, quien, para evadir los debates, en torno a la esclavitud, en 1862, invocando su condición de Comandante en Jefe, mediante la Proclama sobre la Emancipación, ordenó el fin de la esclavitud en los estados confederados, sublevados contra Estados Unidos.

Tal vez, el presidente Barack Obama pudiera utilizar sus prerrogativas de Comandante en Jefe para mandar a cerrar la prisión establecida en la base naval de Guantánamo, incluso para ordenar la devolución a Cuba del territorio que ocupa la instalación.

No hace mucho, comenté la idea de que, previa negociación, Estados Unidos debería devolver ese territorio a Cuba y, bajo soberanía nacional cubana, pudiera fomentarse allí una reserva de la biosfera, un área protegida o un parque nacional administrado por un pool de universidades e instituciones científicas cubanas, caribeñas y norteamericanas.

Un circunstante comentó: “A Salomón no se le habría ocurrido nada mejor y otro preguntó si había “patentado la idea”. No recuerdo si la iniciativa es mía, se la escuche a alguien o lo soñé. El caso es que me gusta, entre otras cosas porque, con una base militar menos y una reserva natural más, todos ganan, incluso el planeta. Allá nos vemos.