miércoles, 25 de febrero de 2015

CONSOLIDAR Y AVANZA

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Por: Jorge Gómez Barata

Ningún pueblo, en ninguna época, sin estar envuelto en alguna guerra enfrentó un acoso tan bárbaro, multifacético y eficaz como el bloqueo norteamericano a Cuba, tampoco ninguno lo sobrellevó con más estoicismo.

Resistir el bloqueo estadounidense, sobrevivir a sus efectos y desarrollar el país ha sido la principal batalla política interna del pueblo y la Revolución Cubana a lo largo del último medio siglo, mientras que su denuncia y condena es la bandera de la política exterior de la Isla.

La epopeya cubana fue respaldada por la solidaridad internacional y durante un largo período por la asistencia soviética. Recientemente, a su encuentro vino el realismo del único presidente norteamericano con la honestidad y el valor necesarios para reconocer que se trata de una política fallida, aunque olvidó agregar que es también injusta. Los resultados de tales esfuerzos fueron coronados por los anuncios del presidente Raúl Castro el pasado 17 de diciembre.

En cualquier caso se trata de la más relevante victoria política alcanzada después del primero de enero de 1959 y de un éxito que sirve de plataforma para nuevos avances, el principal de ellos, lograr el pronto restablecimiento de las relaciones diplomáticas, abrir los canales para el diálogo, adoptar iniciativas y promover medidas que contribuyan al rápido desmantelamiento del bloqueo.

Cuba ha logrado aquello por lo que ha luchado durante medio siglo, entre otras cosas el reconocimiento, el respeto, incluso el respaldo de importantes sectores de la opinión pública, la sociedad y las élites políticas norteamericanas, entre ellos, congresistas y senadores, líderes religiosos, empresarios, intelectuales y artistas, periodistas, ex militares y otros.

Entre los más importantes logros de ese empeño figura el desplazamiento de la comunidad cubana en Estados Unidos, que ha pasado del instrumento de la derecha y de la contrarrevolución que fue en el pasado, a posiciones de apoyo a la normalización de las relaciones entre el país que los vio nacer y aquel que los acogió y al respaldo de los elementos que, en difícil lucha, cuando dialoguero era un estigma, confrontaron el bloqueo.

No obstante, además de celebrar y consolidar las históricas conquistas alcanzadas y hacerlas irreversibles, es preciso dar nuevos pasos en la dirección de restablecer el intercambio comercial en ambas direcciones, impulsar las relaciones económicas de todo tipo, incorporar tecnología y gerencia avanzadas y auspiciar los intercambios culturales, académicos y  deportivos, actuando sin ingenuidad ni excesos de suspicacia, en estado de alerta pero sin temores infundados ni prejuicios.

Del mismo modo que en La Habana recibimos con apertura y madurez a congresistas y senadores, pesos completos de la política como Nancy Pelosi, intelectuales, empresarios y periodistas norteamericanos, es necesario también, tomar iniciativas y actuando con energía y creatividad, enviar a los representantes cubanos para que expliquen a la sociedad y las élites estadounidenses la situación del país, las opciones que se abren con las reformas, así como las posiciones y las políticas de la dirección revolucionaria.

Se trata de participar y de tomar la iniciativa, disfrutar de la victoria alcanzada, explotar el éxito y aprovechar las nuevas oportunidades, sin omitir ni exagerar los riesgos.

La idea de que mediante la paz y la normalización, Estados Unidos puede lograr lo que no alcanzó con el bloqueo y la agresión y presumir que la Revolución puede perder la batalla de ideas, no es una advertencia, sino una actitud fatalista. Allá nos vemos.