jueves, 19 de febrero de 2015

BLOQUEO Y ESTRÉS

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Por: Jorge Gómez Barata

En un ambiente propicio para el diálogo político, muy fluido en Cuba y que en estos días se ha tornado monotemático, alguien comentó: 

―Basta observar el efecto devastador de las sanciones de Estados Unidos y Europa sobre Rusia para calcular lo que para Cuba, su economía y la sociedad ha significado un bloqueo económico, comercial, financiero, científico y cultural total por más de 50 años, los últimos veinte, posteriores al colapso de la Unión Soviética, recorridos en solitario. Inmediatamente apareció la pregunta del momento:

―Medio siglo después de semejante cerco, acompañado de todo tipo de agresiones: ¿Estaremos preparados para afrontar los desafíos que implica el fin del bloqueo norteamericano? Me refiero ―insistió el ponente― no sólo al pueblo sino también estratos sociales decisivos como la juventud, los empresarios, las estructuras de dirección, los medios de difusión masiva, los intelectuales y los mecanismos de toma de decisiones. 

―Un médico jubilado que forma parte del círculo, utilizando el lenguaje propio de su profesión afirmó: “Todavía el bloqueo no ha cesado y ya comienzan a manifestarse síntomas de “estrés postraumático”. Ante la insistencia de los contertulios el galeno explicó:

“El estrés no es exactamente de una enfermedad sino más bien un  síndrome, en ocasiones causante de diferentes patologías en cuyo caso se utiliza el término de “Trastorno por Estrés”. Se trata de un fenómeno psicológico, asociado a un estado de fatiga nerviosa extrema derivado de  sucesos extraordinarios o traumáticos que aparecen en individuos sometidos a cargas emocionales excesivas o prolongadas derivadas de situaciones de peligro o tragedias.

Estrés ―continuó el galeno―, es un término tomado de la física que significa tensión o “sobrecarga” incorporado a la medicina en los años treinta del siglo XX y que describe una reacción defensiva natural del sistema nervioso central, especialmente del cerebro, que pone en tensión todos los resortes y recursos defensivos del organismo de modo simultaneo. 

Cuando la reacción originalmente descrita es exagerada o innecesaria y permanece aún después de desaparecidas las causas que lo originaron, suele definirse como “Estrés Postraumático”. Habría que preguntar a un antropólogo social si el fenómeno puede manifestarse en colectivos y a escala de una comunidad.

Es obvio que el bloqueo norteamericano sostenido por más de medio siglo, que ha involucrado a toda la población cubana y causado carencias y desdichas, incluso desgracias familiares, es un factor inequívocamente estresante, aunque ello no implica que necesariamente, y mucho menos masivamente pueda dar lugar a un cuadro de “estrés postraumático” a escala social, sino exactamente lo contrario. A mi juicio el fin del bloqueo provocará un relajamiento de tensiones. La felicidad, el bienestar y la sensación de seguridad no provocan estrés”.

―Eso depende ―polemizó un circunstante―. Hay quienes sostienen que después del bloqueo vendrá una batalla ideológica quizás más difícil y compleja.

―Tal vez esos juicios, afirmó el doctor que ya se retiraba, sean premisas para padecer un cierto género de estrés postraumático. Pudiera tratarse de un exceso de alerta que ve sólo peligros donde también hay oportunidades. En cualquier caso, como suele decirse. Allá nos vemos.