lunes, 5 de enero de 2015

VACANTE EN LA HABANA

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Por: Jorge Gómez Barata

El nombramiento de un cubanoamericano como embajador de Estados Unidos en La Habana, es una opción, aunque no una novedad. Ya hubo uno, William  E. González, que desempeñó esa función entre 1913 y 1919.

Se da por hecho que el presidente Barack Obama encontrará dificultades para que el Senado, controlado por el partido Republicano, apruebe cualquier propuesta para embajador en La Habana, trámite más complejo porque el nominado deberá recibir también el visto bueno del gobierno cubano.   

Por esa y otras razones, sobre todo en Miami se especula que sería bien visto que el presidente apostara por un descendiente de cubanos para el cargo. Una persona así pudiera ser representativa de la enorme e influyente colonia cubana, aceptable para Cuba y, sin traumas, pudiera pasar por el tamiz de un Senado de mayoría republicana.

El embajador González, que en 1913 fue acreditado por Estados Unidos ante el gobierno de Mario García Menocal, nació el 2 de febrero de 1866, del matrimonio formado por el cubano Ambrosio José González y la norteamericana Harriet Rutledge Elliott.

Ambrosio José González, padre del embajador William E. González, nació en 1818 en la provincia cubana de Matanzas, maestro de profesión que a mediados del siglo XIX se afilió a las ideas de la independencia de Cuba. En 1844 fue enviado por la Junta Revolucionaria de La Habana a Estados Unidos para allegar apoyos, empeño en el que no obtuvo resultados.

En esos trajines entró en contacto con Narciso López y fue atraído por las ideas anexionistas de aquel, participando en la organización y realización de la expedición del vapor Creole que llegó a Cuba el 19 de mayo de 1850, ocasión en que fue enarbolada por vez primera la actual bandera cubana. Fracasado el intento, logró reembarcarse y regresar a Estados Unidos.

Establecido en Norteamérica y compartiendo las expectativas de su pueblo, al estallar la Guerra de Secesión, González (padre) se enroló en las fuerzas de la Confederación, con las cuales combatió en varios estados, incluido La Florida,  alcanzando el grado de general.

Antes de llegar a Cuba en calidad de embajador, William E. González lo hizo como parte de las tropas norteamericanas que libraron la Guerra Hispano Americana de 1895.

El primer embajador norteamericano en Cuba, lo  mismo que el de Cuba en Washington, en la segunda temporada, tendrán a su cargo la enorme tarea de protagonizar el deshielo, desbrozar los caminos por donde transitarán las nuevas ideas y sus protagonistas, evadir obstáculos y no sólo aprovechar oportunidades, sino promoverlas, y de alguna manera comenzar desde cero.

Quienes en ambas orillas del estrecho de Florida resulten elegidos para esa función tendrán como hándicap una montaña de prejuicios, reservas e incluso rencores, y no pocas reclamaciones mutuas. Algunas se derivarán de hechos reales,  otras de construcciones ideológicas y no pocas del desconocimiento mutuo.

Las personas que se hagan cargo de las embajadas de Estados Unidos y cuba en La Habana y Washington, respectivamente, asumirán tareas de significación histórica. Sean quienes sean: ¡Éxitos! Allá nos vemos.