martes, 27 de enero de 2015

OPORTUNIDADES Y TRAMPAS

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

Se ha dicho que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos y el inicio del levantamiento del bloqueo significan una nueva etapa en el proceso político cubano. Lo creo y afortunadamente no estamos en cero.

Desde el inicio del proceso de reformas, el presidente Raúl Castro ha insistido en la necesidad de cambiar la mentalidad y, aunque al aludir a los dogmas, da algunas pistas, no ha sido explícito en la identificación de quiénes y que deben cambiar. Obviamente se refiere al pensamiento, a los círculos dirigentes y alude a los cuadros del estado y las entidades políticas, a economistas y empresarios probablemente a la intelectualidad y a la academia.

Cuando Raúl habla de cambiar el pensamiento no se refiere a modificar los credos ni a retroceder, sino a avanzar, a abandonar los mitos y los dogmas, renunciar a las frases hechas, a las muletillas teóricas, a las consignas desactualizadas y los formalismos. Se trata a la vez de desaprender y de adquirir nuevos y más valiosos conocimientos, a abrir las mentes, ponerse a tono con los progresos y a comprender la realidad y los factores que mueven la historia y sus ciclos de un modo más cabal y realista.

Ningún dogmático sabe que lo es, entre otras cosas porque los dogmas se lo impiden y por ello, de buena fe, considera a los partidarios de las reformas como adversarios o como mínimo como “compañeros equivocados”. Se trata entre otras cosas de un fenómeno cultural derivado de haber adquirido conocimientos que eran erróneos o no han evolucionado y que hacen mirar al presente con ojos desactualizados.

No conozco a nadie que se haya dado por aludido, confiese que está entre los que deben cambiar ni se conocen autocríticas. Probablemente los equivocados estiman que el discurso se refiere a otros. Hay casos en que exhortan a los demás a que cambien y cuando lo hacen los critican por hacerlo. Para la mentalidad conservadora lo mínimo es óptimo, algo es mucho y mucho, demasiado.  

Los dogmáticos no son pensadores sino creyentes y para ellos la audacia es aventurerismo. Asumen que los dogmas son principios, los prejuicios blindajes y que los equivocados son otros, suelen reaccionar ante las innovaciones conceptuales como en el pasado se hacía ante las concesiones.

Todo ello rodea las reformas de un clima negativo, ve peligros donde hay oportunidades, creando la falsa ilusión a que se refería Einstein acerca de “Hacer las cosas del mismo modo y esperar resultados diferentes”.

La nueva etapa en la cual se simultanean la profundización de las reformas con la normalización de las relaciones con Estados Unidos y el inicio del levantamiento del bloqueo que, en el ámbito externo, provocará un efecto dominó, esta vez más a favor que en contra de Cuba, requiere de un nuevo pensamiento, de nuevos conceptos y de herramientas conceptuales diferentes.

Si todo marcha bien, en poco tiempo, además de con Estados Unidos, habrá oportunidades para tratar con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y, rota las barreras que se lo impedían, se acercarán a Cuba inversionistas, bancos, empresas de seguros, navieros, comerciantes y empresarios extranjeros. Es probable que se incremente el mercado cultural y crezca el mundo de los espectáculos, haya nuevas opciones para profesionales, académicos y deportistas y se abran para todos las posibilidades de las que ya algunos disfrutan.

Ahora, cuando obviamente hemos sido gratamente sorprendidos por cambios que no imaginábamos, hay que darse prisa para asimilar saberes, adoptar comportamientos y lidiar con el mundo que viene. Ello alude sobre todo a los dirigentes y cuadros políticos que deben conducir los procesos y orientar a la sociedad, a los operadores de la economía, el comercio, las finanzas, los medios de difusión, la labor ideológica y a la academia.

No se trata de algo enteramente nuevo. Con la caída de la Unión Soviética pasamos exitosamente por una prueba análoga que permitió reinsertar a Cuba en ambientes y circuitos económicos, comerciales, científicos y técnicos internacionales de los cuales estuvo excluida por más de 30 años.

La diferencia es que entonces se hizo a pesar de los Estados Unidos y que ahora los incluye. Los capitalistas norteamericanos no son peores que los canadienses, británicos, españoles, brasileños o rusos y sus turistas no son diferentes. Ahora la asimetría es mayor. ¡Bienvenida! 

No basta con advertir que el proceso será “largo y difícil” ni con alertas acerca del “tantito así”. No es saludable incrementar artificialmente la desconfianza y predicarle a los conversos. Los que tienen que negociar saben cómo hacerlo y como maniobrar para conseguir los mejores resultados. La lucidez y prestancia mostrada por Josefina Vidal, la negociadora cubana, provee confianza y tranquilidad. No es una “dama de hierro”, tampoco de papel. El proceso está bien dirigido y su ejecución en buenas manos.

El quid de la cuestión radica en aprovechar la coyuntura para, tan rápidamente como sea posible, mejorar las condiciones de vida del pueblo, aprovechar cualquier flexibilización para progresar, utilizar las palancas del mercado y del capitalismo para realizar los preceptos de justicia social de nuestro sistema y perfeccionar nuestra sociedad. El porvenir es ahora y, en parte el futuro está llegando.

El ambiente está lleno de oportunidades y de trampas. Hay que evadir unas y aprovechar otras. En la ofensiva hay más riesgos que en la defensa, pero también más chances. Para avanzar hay que salir de las trincheras, exponerse y tomar decisiones atrevidas. Los conservadores no lo ven así, pero ellos nunca han conducido una revolución. Allá nos vemos.