martes, 13 de enero de 2015

EL TERRORISMO NO ES INVENCIBLE

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

El ataque terrorista contra la redacción del semanario francés Charlie Hebdo, reabre el debate en torno a los factores que han dado lugar al surgimiento del Islam político radical, que práctica un terrorismo tan bárbaro como descontextualizado. A pesar de sus imperfecciones, la sociedad moderna es incompatible con ese y otros géneros de violencia. 

Ningún terrorista es patriota ni revolucionario. No hay entre ellos genuinos líderes populares. Ninguna organización terrorista es progresista, ni portadora de una propuesta social avanzada. No son antiimperialista, ni promueven el bienestar popular, no les interesa acabar con la pobreza o la ignorancia, no defienden la fe ni condenan la herejía ni la apostasía, y son contrarios a la democracia y al derecho. El Islam político busca venganza. ¿Vengar qué? ¿De quién?

Hasta hace poco se temía un “conflicto de civilizaciones” debido a la creencia de que el rencor y los afanes de venganza del extremismo islámico se dirigían al occidente cristiano que protagonizó las Cruzadas, practicó el colonialismo y entregó Palestina a los judíos.

No es así. La confrontación sectaria está presente en prácticamente todos los países árabes, y es especialmente cruenta en Irak, Siria, Yemen, Líbano, Libia y otros, y el debut del letal “estado o califato islamico” que actúa contra musulmanes y kurdos, evidencia que el Islam radical no está en paz ni consigo mismo.

El atentado en París relanza la tesis que probablemente busquen respuestas equivocadas en ámbitos equivocados. Paul Craig, ex subsecretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, afirma que el “Ataque contra Charlie Hebdo es una operación de “falsa bandera” diseñada por Estados Unidos …”  y Julián Assange culpa del ataque a la incompetencia gubernamental francesa…”

No discrepo de esas tesis porque el imperialismo, sus servicios especiales y sus sicarios son capaces de eso y de más. No obstante, es probable que tales elucubraciones alejan la búsqueda de las causas verdaderas de un fenómeno geográfica e ideológicamente localizado.

El Islam no es europeo, norteamericano, ni japonés, y el terrorismo, que ilegítimamente se práctica en su nombre procede del Oriente Medio, es de matriz confesional, se ejerce indiscriminadamente y sus afanes de venganza no conocen límites. 

La frustración de la juventud ilustrada y de los ciudadanos del Oriente Medio, uno de los sitios donde con menos esfuerzo se obtienen enormes riquezas, se  explica, por el atraso cultural y político de una región donde el tiempo se detuvo y el progreso fue excluido en beneficio del oscurantismo y la intolerancia, y donde la asociación del poder con la fe, excluyó por completo a la democracia. Esa opción de las oligarquías priva casi totalmente de derechos a 300 millones de personas, y es uno de los factores generadores de la situación actual.

El ámbito árabe está formado por 17 países entre los cuales no hay ninguna democracia consolidada y ningún líder o partido popular. Donde se carece de partidos y sindicatos y la participación popular está excluida.

Se trata de una región que en la antigüedad realizó extraordinarios aportes a la cultura universal, vio nacer el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo y fue cuna de Jesucristo y Mahoma, y es hoy la zona con menos graduados universitarios per cápita, la que menos libros edita, donde menos se desarrollan los deportes, y apenas se filman películas, y donde los aportes a la ciencia son nulos. 

Se trata de toda una región del mundo de monarquías y emiratos, sin laicismo ni libertad de expresión, conciencia y cultos, sin el menor respeto por la diversidad, donde las mujeres y las niñas son humilladas de la cuna a la tumba, y donde la violencia de todo tipo ocasiona más muertes y sufrimientos que en ningún otro lugar del planeta.

La fórmula concebida por Estados Unidos para confrontar el terrorismo islámico ha tenido el efecto que se obtiene al apagar un fuego con gasolina, pero urge encontrar un modo de hacerlo, de lo contrario, el fenómeno crecerá hasta alcanzar proporciones gigantescas.

Tal vez una convocatoria internacional que incluya a todos los países y factores interesados en detener el terrorismo, e incorpore a los pueblos y a los creyentes de todas las religiones en un esfuerzo a escala mundial, arroje algún resultado. El mundo, incluyendo a los árabes y los devotos del Islam que practican la fe con buena voluntad, están en peligro.

El ataque a Charlie Hebdo no es una venganza, sino otro aviso al que sin miedo y sin violencia hay que enfrentar, y se necesita hacerlo ahora. Allá nos vemos.