domingo, 11 de enero de 2015

ADMINISTRAR LA VICTORIA

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

Mediante una resistencia popular conocida y un liderazgo esclarecido Cuba, que no siempre pudo escoger sus batallas ni la forma de librarlas, ganó, y mediante el diálogo y las negociaciones, tratará de consolidar lo alcanzado.

En ese empeño la Revolución cuenta con el pueblo esperanzado y con amigos que confían en ella. No faltan individualidades que alertan respecto a riesgos y peligros. Algunos más celosos recuerdan preceptos y consignas que alguna vez se utilizaron, y en el horizonte asoman quienes aconsejan: “Todo o nada”. Uno insta a exigir que Estados Unidos pida perdón.

De lo que se trata es de una nueva etapa para la cual se necesitan, además de la firmeza y la lucidez de siempre, nuevas ideas. No obstante, será inevitable lidiar con puntos de vista alternativos que no son ninguna novedad, pues han estado presentes en diferentes momentos.

En 1961, cuando tras la derrota de la invasión de bahía de Cochinos se apresaron 1.200 invasores, en lugar de castigarlos, se negoció su liberación. Fue la primera vez que Estados Unidos admitió sus responsabilidad en la agresión a un país latinoamericano, y la única en que ha pagado una indemnización. Entonces hubo quienes creían que “Ojo por ojo” era una opción mejor, pero la moderación aportó más frutos que el radicalismo.

En 1962, como resultado de una crítica de cierta izquierda marxista surgió una corriente sectaria que tuvo que ser denunciada por el propio Fidel, y que no obstante, tratando de ser “más papista que el papa” renació en forma de una “microfracción” que en 1966 fue conjurada. En ese mismo período la Revolución fue confrontada por los elementos que, otra vez desde la izquierda, en América Latina y el campo socialista se oponían a la lucha armada.

La mayor oposición llegó en el año 1968, cuando Fidel accedió y personalmente condujo los diálogos con “Personas Representativas de la Comunidad Cubana en el Exterior”, y enfrentó la incomprensión de una parte de la militancia revolucionaria, que reaccionó con reservas frente al proceso de normalización de las relaciones con la emigración.

Sin vacilación alguna, sin ripostar el “fuego amigo”, mientras explicaba la estrategia Fidel permitía que se hiciera extensiva hasta aquellos que alguna vez coincidieron con la contrarrevolución. Cuando en 1980 se sucedieron los hechos de Mariel y se culpó de ello a la política de normalización, la dirección revolucionaria no cedió un milímetro. Todavía hubo críticos cuando en los años noventa se autorizó la recepción de remesas.

Los resultados de la moderación y la apuesta por le diálogo están a la vista. La comunidad cubana en el exterior no fue solo un compañero de viaje, sino un aliado.

Por una paradoja vista otras veces, la izquierda de la izquierda coincidía con los que allende al mar acusaban de “dialogueros a los emigrados que asumían posiciones constructivas hacia el país”, atacaban, incluso con bombas, y estigmatizaban la moderación, haciendo aparecer como defecto lo que era y es virtud.

Tal vez no exista ningún ejemplo mejor en cuanto a la capacidad de la Revolución para negociar con Estados Unidos, que las conversaciones para la retirada de todas las tropas extranjeras de Angola. Nunca se le demandó a Sudáfrica que desmontara el apartheid y liberara a Mandela, sin embargo, todo eso y más se alcanzó. La lógica entonces, como ahora fue “Primero lo primero”. Los Cinco están en casa. 

Se menciona poco el hecho de que en 1959, cuando la hostilidad norteamericana comenzaba, Fidel viajó a Estados Unidos donde no puso reparos en conversar con Nixon. En 1963, después de bahía de Cochinos y con el Plan Mangosta en marcha, Fidel recibió a Jean Daniel, enviado personal del presidente Kennedy.

Recientemente, William Leogrande y Peter Kornbluh, así como Esteban Morales y Elier Ramírez Cañedo, en sendos y oportunos textos han develado varias oportunidades en que, bajo la orientación y supervisión de Fidel y Raúl, se ha negociado con enviados norteamericanos de varias administraciones.

En ninguna oportunidad se avanzó tanto como ahora. No obstante, sino fuera posible alcanzar el éxito, habría que intentarlo no solo otra vez, sino una y otra vez hasta lograr que la razón prevalezca sobre la sinrazón, y la moderación sobre la intolerancia.

Aún si nuestro modelo económico fuera eficaz y hubiera bonanza económica, el diálogo sería la mejor opción, porque proporciona paz y tranquilidad que son elementos claves del bienestar y la felicidad que procura la Revolución. La resistencia es una opción, no una elección.   

En estos días he recordado a Fidel que, aludiendo a quienes se situaban a la izquierda de la Revolución, razonaba que algunos de ellos, colocados en el lugar de los encargados de tomar decisiones difíciles, arderían como mariposas en un arco eléctrico. Allá nos vemos.