martes, 2 de diciembre de 2014

#MÉXICO: PROTESTAR Y CONSTRUIR ALTERNATIVAS

BarataPor: Jorge Gómez Barata

Demostraciones que como las de ayer estremecieron a México y advirtieron a su clase política que el tiempo de la demagogia y la resignación terminó, son un elemento esencial en la forja y la maduración del movimiento social, cuya contribución a la construcción de alternativas debe ser decisiva.

Según un socorrido lugar común: “Las crisis contienen oportunidades”. Ocurre así porque obligan a reaccionar, a abandonar rutinas e innovar. Si ello fuera válido para México, el momento es ahora. Las preguntas son ¿qué hacer y qué renovar?

Es obvio que para afrontar la crisis México deberá resolver conocidos problemas sin cuya solución será imposible avanzar. Entre ellos figuran:

Blindar las fronteras terrestres y los accesos clandestinos por mar. Declarar la guerra al crimen organizado, incluyendo todo tipo de negocio ilícito o realizado con dinero de dudosa procedencia. y aplicar una política de “tolerancia cero” ante la corrupción política y administrativa.

Obviamente un esfuerzo de semejante naturaleza no podrá ser realizado sin una restructuración del sistema político, el fortalecimiento de las instituciones del Estado, la promoción del protagonismo de la sociedad civil, el despliegue de los movimientos sociales, y el fomento de la participación política decisoria, creando mecanismos eficaces para el control social del poder.

En el primer caso se trata de un fenómeno multinacional que ha convertido a México en un corredor por el que transitan miles de personas de diferentes nacionalidades y condiciones sociales, que ingresan ilegalmente al país para llegar a Estados Unidos.

Esa gestión, en todos los escenarios, es realizada por organizaciones criminales que coordinan entre si. Dada su naturaleza internacional, el problema debe ser abordado mediante la concertación de políticas comunes entre México, Guatemala, Honduras, Belice, El Salvador, Estados Unidos y otros países.

Se conoce que los emigrantes indocumentados, las rutas, y las artimañas para burlar a las autoridades, son utilizadas por los narcotraficantes y los contrabandistas de armas, y que numerosas personas involucradas son estafadas, maltratadas y no pocas veces asesinadas. Se afirma que muchas de las tumbas clandestinas y fosas comunes en la ruta de Centroamérica a Estados Unidos corresponden a esas personas.

Naturalmente, un esfuerzo semejante requiere de un soporte jurídico que pudiera demandar la reforma constitucional, un sacudón al poder judicial, una ley de partidos políticos, la actualización del Código Penal y otras medidas.

Debido a que  en México la izquierda y los liberales se encuentran entre los desaparecidos, las únicas opciones viables son presionar al Estado para que asuma sus responsabilidades, a la vez que perfeccione el sistema político y abra espacios para las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales.

Las protestas populares, que son el modo de expresarse de los movimientos sociales, se convierten en políticamente significativas en la medida en que promueven liderazgos solventes, construyen alternativas viables, y utilizan eficazmente el marco institucional existente.

La corrupción política y judicial, los problemas migratorios, el narcotráfico, las ilegalidades,  así como la ineficacia policíaca, no son causas sino consecuencias. Un Estado fuerte y determinado es compatible con la democracia. Ejercer la autoridad para empoderar y proteger al pueblo no es defecto sino virtud.

La protesta mediante la cual, en casi todos los países amplios sectores sociales se manifiestan, son legítimas y eficaces para ubicar los problemas y movilizar a las masas populares, pero casi nunca son un destino sino un camino. Allá nos vemos.