viernes, 26 de diciembre de 2014

LO QUE THE WALL STREET JOURNAL NO DIJO

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

Los que creían que en Cuba no había espacio para la unanimidad, por esta vez se equivocaron. Raúl y Obama lo lograron. Valió la pena luchar y esperar para ver consumadas las dos mayores aspiraciones del pueblo cubano en los últimos años: la liberación de los Cinco Héroes y el fin del bloqueo que comienza con la normalización de las relaciones con Estados Unidos. Por esta vez se explica que no haya votos en contra ni abstenciones.

Con la feliz perplejidad de todos realicé un rápido inventario acerca de los asuntos comunes, a cuya solución, de inmediato, deberían dedicarse las partes. En la cima de la lista coloqué la cuestión de las propiedades nacionalizadas en 1960.  The Wall Street Journal hizo lo mismo, pero no fue lo suficientemente explícito. Por esta vez el problema contiene la solución. 

El asunto de la indemnización de las propiedades no me preocupó excesivamente, porque si bien el monto (7000 millones, considerando propiedades + intereses) es considerable para la capacidad de pago de Cuba, no es abrumador. Por otra parte, las leyes mediante las cuales se realizaron las expropiaciones reconocen esas obligaciones, y contienen fórmulas viables para honrar los compromisos.

El asunto no sólo me parece pertinente, sino incluso feliz. Al llegarse a un arreglo para el pago que, negociado de buena fe, logrará automáticamente, sin que el presidente mueva un dedo, que caiga el único obstáculo para el fin del bloqueo: la Ley Helms-Burton. Con relaciones diplomáticas, comercio, y con las reclamaciones negociadas, ese engendro se multiplica por cero.

LA EXPROPIACIÓN Y LA INDEMNIZACIÓN

En su artículo 5, la ley # 851 de 1960 que dictó la nacionalización de las propiedades norteamericanas, estableció que la indemnización se realizaría en un período de 30 años, y con intereses no menores del dos por ciento. Los fondos para los desembolsos por esos conceptos se obtendrían de un “Fondo para el Pago de Expropiaciones de Bienes y Empresas de Nacionales de los Estados Unidos de América”. Dicho fondo se formaría con el 25 por ciento de las divisas obtenidas por las ventas de azúcar por parte de Cuba a los Estados Unidos.

De acuerdo al valor de mercado de las propiedades expropiadas, la cuantía de las ventas de azúcar en el mercado norteamericano, y la evolución de los precios en los siguientes 25 años, las deudas del estado cubano con las compañías y ciudadanos norteamericanos afectados por las nacionalizaciones pudo haber sido saldada. No ocurrió así porque no hubo comercio ni fondos, y no solo por culpa de Cuba. 

Cuando aquella ley se promulgó y se estableció la fórmula para la indemnización a partir de las ventas de azúcar a Estados Unidos, nadie podía suponerse que el 6 de julio de 1960, el Presidente Eisenhower, privaría a Cuba de la cuota azucarera asignada en el mercado estadounidense.

Al suprimir las compras de azúcar cubano la administración norteamericana no sólo privó a la Isla de su principal ingreso, sino que impidió la formación del fondo para la indemnización a los ciudadanos y empresas estadounidenses.

El resto de la historia es conocida, a la prohibición de comprarle azúcar a Cuba y venderle petróleo se sumaron una interminable retahíla de agresiones que implantaron el bloqueo económico, comercial y financiero total. En tales condiciones era obvio que ninguna reclamación podía ser atendida.

El cambio generado por los acuerdos a que llegaron los presidentes Barack Obama y Raúl Castro abre excelentes expectativas, que en los nuevos ambientes pudieran transitar con buen viento. En próximas entregas contaré de otros  tecnicismos y argumentos. Por ahora. Feliz Navidad. Allá nos vemos.