jueves, 25 de diciembre de 2014

LAS DIFERENCIAS Y EL DIFERENDO

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

No sé quién ni cuándo, para referirse a la problemática de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, introdujo en el lenguaje político cubano el término “diferendo”, que sugiere moderación y lo distingue de tensiones extremas como la guerra. Tal vez ese “diferendo” se prolongue o sea eterno. No ocurre lo mismo con la hostilidad y la confrontación, que no deben sobrevivir a la normalización.

Está probado que la  convivencia estatal, los vínculos comerciales y de otro tipo, y las relaciones pueblo a pueblo, pueden convivir con las diferencias ideológicas y políticas. Así ocurrió entre Cuba y los Estados Unidos durante la ocupación de la Isla (1895-1902), y en los 50 años de vida republicana (1902-1958). La Revolución no creó el diferendo ni inventó el anti imperialismo.

Desde el punto de vista norteamericano el “diferendo” tiene un origen histórico que data del siglo XVIII, y una naturaleza geopolítica que es anterior a la República y a la Revolución, y por supuesto al socialismo. Con el tiempo y las bondades de Cuba se sumaron elementos económicos y políticos, incluso ideológicos.

Del lado cubano el repudio al intervencionismo y el anexionismo yanqui por parte de un sector de la vanguardia política cubana es más reciente, y se formó en la última etapa de la lucha por la independencia, creció durante la intervención militar norteamericana, y se consolidó en la República, sobre todo después de la imposición de la Enmienda Platt. La prédica martiana que profundizó la conciencia antiimperialista no alentó sentimientos anti norteamericanos, cosa que tampoco hicieron Fidel y Raúl Castro.  

LA HISTORIA

Cuando como parte de una vigorosa expansión territorial, en menos de 100 años el territorio norteamericano creció siete veces, y los 13 estados se convirtieron en 50, uno de ellos, La Florida, se ubicó frente a Cuba, entonces un emporio de riquezas a la entrada del Golfo de México, y a mitad de camino hacia y desde  Sudamérica. Poseer o controlar la Isla, entonces una posesión española, les pareció un hecho natural. Aquella opción fue favorecida por el anexionismo, una corriente política que estuvo vigente en Cuba durante el siglo XIX, y que fue finalmente neutralizada o absorbida por el  independentismo. 

A lo largo del período republicano (1902-1959), la actitud de las administraciones norteamericanas, el entreguismo de los gobernantes cubanos de turno, y el comportamiento rapaz del capital estadounidense, alentaron el antiimperialismo criollo, que se reforzó con el desarrollo de las agrupaciones políticas socialistas y marxistas. El pensamiento y la personalidad de Roosevelt, y su liderazgo de la coalición aliada en la lucha antifascista, reforzaron los afectos cubanos hacía el pueblo norteamericano que, debido a la Guerra Fría y la Guerra de Corea se contaminaron con el anticomunismo visceral característico de la época.

Quiero rescatar la idea de que el diferendo no se originó con la Revolución ni desaparecerá con la normalización, aunque tampoco estorba a las relaciones estatales y los vínculos pueblo a pueblo, ni se opone a una auténtica colaboración en áreas y asuntos de interés mutuo. Por otra parte, el antiimperialismo, profundamente arraigado, es parte de una filosofía política que no es local sino universal, y no alude solo a Estados Unidos.

En cualquier caso, los anuncios de los presidentes Obama y Raúl Castro abren la expectativa de vivir con diferencias y diferendos pero sin bloqueos ni agresiones,  para habitar la peculiar dimensión en que han existido los pueblos de Cuba y Estados Unidos, donde la contradicción persiste para probar que se trata de un motor de la historia y no un obstáculo. Allá nos vemos.