lunes, 17 de noviembre de 2014

DIFERENCIAS HOMOLOGABLES

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

Aunque en estadios civilizatorios diferentes, la humanidad siempre fue como es hoy: diversa, plural y desigual. Lo nuevo es que ahora tiene conciencia de ello.

El progreso facilita la circulación de la información y los avances económicos y sociales, en unos lugares más que en otros permiten a mayor cantidad de personas acceder a la instrucción, al tiempo que la entronización de la democracia, aunque imperfecta, facilita la participación y el ejercicio de los derechos.

En todas partes los hombres y las mujeres de todos los estratos, incluidos los más humildes, comprenden los entornos en que viven, y reaccionan frente a ellos para criticarlos o defenderlos. La política y la acción social ha dejado de ser privilegio de las élites. La masificación que temía Ortega y Gasset es un hecho.

El conocimiento de complicados entresijos de la política y las capacidades de los individuos y la sociedad civil para interactuar en las diferentes coyunturas nacionales, ha destacados en América Latina y el Tercer Mundo a líderes que basan su labor más en la ilustración y en las capacidades para administrar procesos históricos, que en la meritocracia y el carisma.

Lo nuevo no son sólo el perfil de las masas sino también de las vanguardias latinoamericanas, que han perfeccionado las tácticas y convertido en funcionales a las luchas populares y a las necesidades nacionales, prácticas que antes monopolizaban la burguesía y las élites, como son las elecciones y las confrontaciones mediáticas, logrando trascendentales avances.

De hecho la pluralidad de enfoques y la intensificación del debate político en lugar de perjudicar ha beneficiado a la izquierda, a las opciones socialistas, incluso a ciertos discursos anticapitalistas. Únicamente elementos excesivamente conservadores rechazan la coexistencia de ideas diferentes y la lucha pacífica entre ellas. Para los liberales avanzados hoy los marxistas no son adversarios, y los comunistas no consideran antagónicas sus contradicciones con los socialdemócratas.

Es curioso que excepto el conflicto armado en Colombia, que ahora o alcanza la paz o deviene un fósil jurásico, no es posible ubicar un solo contencioso con relevancia internacional de matriz popular.

Las protestas en Europa persiguen objetivos convencionales, concretos, limitados a demandas asociadas al nivel de vida, y que pueden ser satisfechas por el sistema sin cambios estructurales, mientras que el separatismo tiene matrices especificas no siempre claras y casi nunca unánimes.

Los grandes y más peligrosos conflictos de hoy, el terrorismo, el radicalismo islámico, especialmente en el Medio Oriente, África del Norte y las regiones al sur del Sahara, no son resultado de luchas o demandas populares, sino de errores de Estados Unidos y la OTAN, cuyas erráticas intervenciones militares han desatado demonios difíciles de controlar.

Debido a que Al-Qaeda, el Talibán, el Estado Islámico, Boko Haran y otras organizaciones, son a la vez que enemigos del imperio y de la OTAN, también de algunas oligarquías y de los pueblos, veremos surgir extrañas alianzas.

La globalización, como antes lo fueron regímenes ignominiosos como la esclavitud y el feudalismo, incluso el capitalismo salvaje, no aparecieron en los escenarios históricos como obra de pillos que los idearon para perjudicar a las mayorías, sino frutos del proceso civilizatorio que se hizo de luces y sombras.

La crítica a la globalización es correcta, pero la negación de su eficacia es errónea. Antes que rechazarla es preferible intentar aprovechar sus ventajas. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de noviembre de 2014