sábado, 15 de noviembre de 2014

#CHINA POR UN MUNDO MEJOR

Barata[3]Por: Jorge Gómez Barata

En ciertos círculos se ha vuelto recurrente la idea de que China trabaja para superar económicamente a Estados Unidos, como si ello constituyera su meta; se propagan los avances militares asiáticos de modo que a veces sugieren que China se prepara para la guerra, y se evalúan los vínculos económicos entre Rusia y China como si se tratara de una alianza contra Estados Unidos.

Los más categóricos entre los agoreros, afirman que la Guerra Fría ha regresado, auguran una tercera guerra mundial, y los más exagerados sostienen que esa conflagración ya ha comenzado. El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) efectuado en China sugiere algo diferente.

Paradójicamente, los líderes chinos no alardean de sus éxitos económicos, nunca confrontan sus logros con las dificultades de otros países, jamás hablan de guerras, evaden las confrontaciones políticas, calibran cuidadosamente su protagonismo internacional, y son poco dados a la crítica a otros estados o gobiernos.

China defiende su soberanía estatal y su autodeterminación política sin estridencias, y no exhibe por gusto sus músculos. Asimiló a Hong Kong sin convertirlo a su sistema y, sin renunciar a ciertos principios, se ha adaptado al status de Taiwán, a cuya administración y pueblo trata respetuosamente.

Los líderes del Gigante Asiático se abstienen de ponderar su sistema político comparándolos con otros, y al denominarlo “Socialismo con características chinas”, renuncian a proponerlo como modelo. Hasta su programa es discreto: “Lograr una sociedad moderadamente acomodada”

El pragmatismo, la moderación y la buena voluntad son el vademécum de la política China que, sin destacarse por ser autocrítica, asume que no es perfecta. En la Cumbre Asia-Pacífico, el presidente Xi Jinping se mostró como un anfitrión amable y correcto, más parecido a un hombre bueno que a un jerarca que, en el trato y el protocolo, no diferenció a Obama y a Putin de los minúsculos estados del Pacífico insular. Es cierto que se exhibió magnificencia y lujo, pero esa es China, que no oculta lo mucho que ha logrado.

Tampoco Obama, Putin, ni el premier japonés Shinzo Abe llegaron hacha en mano, y como los demás, accedieron al curioso e inédito detalle de adoptar un vestuario chino, y se mimetizaron con el ambiente creado por los anfitriones.

Obama ponderó los éxitos de China, y asumió que no perjudican a Estados Unidos. No se mostró arrogante ni belicista y avanzó razonablemente en temas difíciles como son las cuestiones climáticas. Nadie imaginaba que norteamerica estuviera dispuesta a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero entre un 26 y 28 por ciento antes de diez años, y sorprendió al anunciar el desbloqueo de las exportaciones de alta tecnología a China.

Por lo que atañe a Putin, ocupó sin altanería el lugar que le corresponde. No buscó protagonismo fácil, no se aproximó ni rechazó a Obama, y sin dejar de exponer las posiciones de su país en asuntos claves como la cuestión ucraniana, contribuyó al ambiente general, en el cual la avenencia predominó sobre la confrontación.

Apartándose, sin propasarse, del protocolo, el presidente ruso se mostró galante, y con gesto comedido, cubrió con su abrigo los hombros de la Primera Dama para protegerla del frío. Con altura y una elegante pizca de coquetería, ella asumió el gesto indicando que, con las reformas, el glamour se instaló en China.

Los acontecimientos que recién enturbiaron el clima con Japón, y que incluso condujeron a ciertos movimientos militares, se despejaron razonablemente. La luz verde a un área de libre comercio Asia-Pacífico es un logro relevante de la diplomacia China.

Por la capacidad de convocatoria mostrada, por lo pertinente de la agenda, por los acuerdos alcanzados, y por su feliz realización, la Cumbre Asia Pacífico fue un relevante éxito de China, que no sólo logró una excepción en un entorno internacional plagado de eventos retóricos e inútiles, sino que creó un escenario para que líderes con responsabilidades mundiales se mostraran constructivos, discretos y relajados.

La Conferencia Asia-Pacífico alimenta más el optimismo de quienes creen que para aquella región, algo mejor está por venir que el fatalismo de aquellos que estiman que todo está perdido. El evento reveló que las mejores aspiraciones de la humanidad saldrán de la connivencia de aquellos con influencia real en los destinos mundiales. China acaba de indicar que tales actores pueden entender cabalmente su papel y asumirlo constructivamente.

Al margen de otras consideraciones, incluso más pesimistas, también atendibles, es justo agradecer a China su sencillo y magistral aporte de optimismo. Allá nos vemos.